dimarts, 3 de gener de 2012

Por las ramas más altas del ciruelo



Me diste mucho más que yo te di,
descansa en paz, minino.
Me ha de doler no verte
ni escuchar tus mimosos ronroneos.
Quisiera, cuando muera,
encontrarte en el sitio placentero
que carece de ayes y de maullidos tistes.

Mas, necesitarás de los gorriones,
que a volar aprendían despeinados,
el perdón pajaril,
por el pecado aquel,
cuando desde el alero se lanzaban ilusos
y tú, tras el rosal los expiabas,
camuflado y goloso.

Y de las lagartijas el perdón
te hará falta también. Quizá sea posible,
perdón lagartijero,
si te conformas sólo con mirarlas
y las dejas en paz
rumiando evoluciones, quietecitas al sol.

Soñarás con ratones
disfrazados por magia o por milagro
de calcetines negros ovillados,
y que a la ramas altas del ciruelo,
salto felino, subes,
y suspira la gata del vecino gruñón
como en aquellos tiempos. 


Félix

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