diumenge, 15 de gener de 2012

Mi pueblo es un triángulo rectángulo


¿Sabéis, amigos míos
que el mapa de mi pueblo
es tal cual un triángulo rectángulo?

El punto en que se unen los catetos
(me refiero a los lados,
no a los que llevan gorra
calada hasta los ojos)
responde al cementerio,
diría que es el vértice.
En su axila, la iglesia y además
la casa del curato.

En una de las puntas
de la que, digamos,
forma la hipotenusa,
en ese ángulo agudo nací yo.
Bueno, entonces
había
una casa de piedra
con tejado rojizo
y que alguien derrumbó
para hacer otra nueva.

Sigamos,
yo ya sé
que al paso que lo cuento
la vas imaginando.

En el ángulo agudo,
justo en el otro extremo
de este lado más largo
llamado hipotenusa, se encontraba
la fragua del herrero, que hoy por cierto
alguien la ha transformado
en casita rural para el turismo
y tengo que decir que queda bien.

Y con esto ya está,
lo tengo limitado.

Es verdad que mi pueblo
como todos,
posee alrededores, ya sabéis:
granjas y corralizas,
pastizales y huertos, parideras
y una hermosa dehesa.
Pero, vamos, que esto
sería ya extramuros
podríamos decir,
aunque allí donde sólo antes había
los pajares y eras,
se han levantado hoy
suntuosos chalets
con garaje, jardín y barbacoa.
Bien mirado, también es “extramuros”,
pero con mucha clase,
zona residencial
de los que progresaron.

En el centro (perdón, no querría olvidarme),
en el exacto centro geométrico,
la plaza con su fuente
y su banco de piedra,
donde los venerables
con pinzas de colgar tienden al sol
recuerdos del pasado
mojados de nostalgias.

Un hotelillo mínimo
al lado de la plaza nos confiere
marchamo universal,
categoría,
como el viejo y caduco Ayuntamiento,
que hoy restaurado, ha pasado a llamarse
Casa Consistorial
de manera pomposa y algo hortera.

-¿Dónde vas a parar
(dirás)
con todo esto?

-De un vértice hasta el otro, dando saltos
y del otro al primero
para llegar al centro
y volver a iniciar el recorrido.

Me suenan muchas veces
las campanas de fiesta
y en las fosas nasales no se apaga
el olor del incienso y de vainilla
de galletas de misa en los tabaques
y el olor a colonia y mujer limpia
con medias ese día y velo negro.

Me suena el martillazo
a contrapunto
sobre el hierro rusiente y sobre el yunque
y el casco de la mula,
que,
nerviosa,
estrena su herradura.

Me suenan los rebuznos
de aquella burra loca,
el nocturno cri-cri del grillo desvelado,
aquel quiquiriquí despertador
del gallo en la alborada,
el freír de los huevos
que mi abuela freía
y el crepitar de teas, humo y luz
en almenara antigua.

Me suena el muro viejo al derrumbarse,
aquel que cuando niño,
se aguantaba de pie, mordido de metralla;
y aquel, mi pataleo
sobre los peldañitos
que había que subir
para entrar en la escuela
y que yo rehuía,
agarrado a las faldas de mi madre.
Confieso que lloré,
nadie hubo
que entonces me dijera
que unos años después haría versos.

Compañero de viaje,
ya que llegué hasta aquí
y también tu paciencia,
pondré punto final.
¿Te quedó claro, amigo
que mi pueblo es triángulo rectángulo?
Pues pienso que eso es todo.

Félix

1 comentari:

  1. Creo que he estado en ese pueblo... de tres lados.

    "Si los triángulos hicieran un dios, lo idearían de tres lados." Montesquieu

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