dijous, 9 de febrer de 2012

Otro pan regalado



El plátano está fuera con la copa dormida,
no se mueve una hoja del ficus tras la tapia.

Tengo el balcón abierto.
Las once. La mañana
descansa entre un parénteis.
Por un momento el pájaro
se ha dormido también
en el aire templado.

Por sobre los tejados, mar rojizo,
entre dos nubes grises, prerezosas,
el mástil de la torre va sin vela.
Dos campanas silentes. En lo alto
y en cruz, la cruz que va arañando un cielo
impertérrito, quieto, ya iniciado.
-¡Cómo el clarión chiría en la pizarra,
acústico recuerdo del pupitre!-

Una tórtola osada se para en la baranda,
inquieta me escudriña con su único ojo
mirándome sin ver.

Al tibio sol de otoño.
blancos brazos desnudos,
esa mujer de luto
tiende su camisón
rosa de duermevela
en la terraza mínima.

Las once y diez aún. Lento se va amasando
este pan regalado, redondo como un día.


Félix

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