dissabte, 24 de juny de 2017

Romance de la chaqueta

En el armario tenía
hasta ayer una chaqueta,
no una chaqueta cualquiera,
era chaqueta de fiesta.
Era la más elegante
de las que había en la tienda
y me la compre ex profeso
para la boda de Pepa.
Era de un color oscuro
con unas motas discretas
produciendo un jaspeado
con efectos de nobleza.
Muy entallada en el talle
y muy marcada de hombreras
con las solapas muy grandes
y el forro de fina tela.
Un bolsillo tiene adentro
para guardar la cartera
y otros tres muy bien cortados
le adornan también  por fuera,
a lado y lado un bolsillo
con solapas cerraderas
y otro a la altura del pecho
para el pañuelo de seda.
Pocos andaban tan guapos
en la boda de Josefa.
No quiero ser engreído
ni pecaré de inmodestia
era prestancia adquirida
al vestir tan bella prenda.
Después de aquella ocasión
y colgada en una percha
quedó por años dormida
la mencionada chaqueta.
Como quien guarda un tesoro
guardaba la vestimenta
pensando lucir de nuevo
como en la boda de Pepa
un porte tan elegante
y figura tan esbelta.
Hoy al abrir el armario
de nuevo reparé en ella,
me la he probado un momento
y me he quedado de piedra
pues al mirarme al espejo
me he llevado la sorpresa
de ver una estampa antigua
como de antes de la guerra
y tan pasada de moda
tan trasnochada y tan vieja
que los ojos he cerrado
tocándome una tristeza
y me he quitado al momento
la otrora bella chaqueta
sin haber bien meditado
que la culpa no es de ella,
la culpa la tiene el tiempo

que sólo nostalgias deja.
´
Félix
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