dissabte, 11 de febrer de 2017

Peregrino

Déjame entrar, mujer,
al sagrado refugio de tu cuerpo.
Romero y peregrino de la carne,
triste y cansado vengo
de inhóspitos albergues,
de tantas lluvias, soles y granizos,
de tantas mortecinas soledades.

Al fin te iba atisbando
entre jirones de niebla matutina
y te oí repicar,
entre ráfaga y ráfaga
parpadeos del aire en sus silencios,
argentina y purísima campana.


En tu pecho, mujer, me reconforto,
me voy curando el alma
en tu pródigo amor.
Renazco hombre en tu seno
y un nombre nuevo cobro
al salir bautizado

en las aguas termales de tu sexo.

Félix

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