divendres, 22 d’abril de 2016

Romance del buen ladrón

A los lados de la cruz
donde Cristo agonizaba,
dos ladrones condenados,
del palo también colgaban.
A su derecha tenía
al que Dimas se llamaba,
que un apócrifo evangelio
sus fechorías relata:
Galileo era de origen
y tenía una posada
donde obsequiaba a los pobres
lo que a los ricos robaba;
en Jerusalén robó
las leyes encuadernadas
en libros, que los judíos
tenían como sagradas;
y en cierta ocasión dejó
totalmente despojada
de adornos y de vestidos
a una doncella afamada
por ser la sacerdotisa
del templo y la hija amada
de Caifás, el sacerdote
aquel que a Jesús juzgara
al alimón con Anás,
y a la cruz lo condenara.
Que el tal Dimas era pío
la historia también nos narra:
nunca mató a ningún hombre
ni hirió a nadie con su espada;
siendo de buen corazón,
a los muertos sepultaba.
En la infancia de Jesús
otro apócrifo nos narra
que José y su familia
se vio una vez atacada
por bandidos salteadores
con los que Dimas estaba,
que se interpuso al momento
enfrentándose a su banda
con valentía y coraje,
sin temor a represalias,
protegiendo del peligro
a la Familia Sagrada.
María bendijo a Dimas
y Jesús profetizaba
que treinta años después,
cuando él mismo agonizara,
el llamado Buen Ladrón
pediría de palabra
que se acordara de él
cuando a su reino llegara,
y que entonces le diría:
“Hoy tendrás una morada
a mi derecha en el cielo”,
según la Escritura narra.

Félix

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