Convención de urracas.
Una de ellas se subió a la terracita donde la vecina de
enaguas azules tiende los martes la ropa lavada. Desde allí, y por dos veces,
entonó un matraqueo y al instante volaron dos picazas al mismo tiempo, del
tejado al abeto y del abeto al tejado, cruzándose en el aire.
Desde mi balcón yo las miraba absorto e ignorante,
rumiando inútilmente naturalezas, códigos, adeenes
… Y tratando de remontar hacia atrás evoluciones y de llegar a las fuentes,
como dicen que hacen los salmones.
Félix
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