dimarts, 25 de juny de 2013

Sobre esta piedra, Pedro…



Están zurciendo el cielo los oncetes 
esta mañana azul. 
La cal en las paredes 
y las calles barridas. De los cargos, 
la banda en bandolera, 
cintas y filigrana en el bastón. 

En el ojo mental todo guardado: 
rulos y permanentes, 
la mesa del turrón del turronero, 
el hinchado carrillo de Esparrell 
y la entrada a matar de Marieto. 

Guardado en el oído está el volteo, 
la Grande y la Pequeña que se encanan 
a manotazo limpio; 
guardada la explosión 
del cohete en su zenit. 

En el olfato, las tortas de San Pedro, 
la vainilla dormida en el tabaque, 
el incienso y el humo del petardo. 

En el tacto quedan las pedorretas 

y la ropa de estreno. 

En el gusto regusto, un mantecado 
y una copa de anís. 

Añoranza en el alma y el recuerdo 
de aquel, para mí, tiempo dorado. 

Un perro en Montpellier lame la herida. 

Sobre esta piedra, Pedro… 
En el ruedo de carros, la vaquilla. 
Al final, en el cuarto, los difuntos. 
La de Magdala espera. 


Félix

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