dimarts, 3 d’abril del 2012

Romance del primer amor




Romance del primer amor

En un caluroso agosto
de recuerdos tan lejanos
irrumpisteis en el pueblo
en dos viejos carromatos.
Parasteis en la placeta
junto a la fuente de caños.
Antes de que el alguacil
nos pregonara su bando,
os rodeamos los niños
y sentados en el banco
cuchicheaban risueños
y observaban los ancianos.
La noticia en un momento
de casa en casa ha volado:
“esta noche habrá función,
titiriteros llegaron”.


Exóticos descendisteis
diez o doce, no sé cuántos
y en medio de todos ellos
destacaron tus encantos.
Aunque era muy niño entonces,
tal vez tenía nueve años
y tú, al menos me doblabas
calculando por lo bajo
en edad y en estatura,
me quedé tan embobado
mirando tu pelo rubio
y tus ojos azulados,
aquel pecho exuberante,
aquel rojo de tus labios,
aquellas piernas tan largas
y aquel talle tan menguado
que de nadie más me acuerdo
de los que había a tu lado,
para ti sólo tuve ojos
quedándome enamorado.

Fuiste Isabel y Julieta
fuiste Inés, fuiste Rosario,
Beatriz fuiste y Teresa,
fuiste Genoveva a ratos.
¡Qué palabras tan bonitas!
¡Qué bien movías las manos!
¡Qué bien reías las risas!
¡Qué bien llorabas los llantos!
¡Qué bien morías las muertes!
¡Qué bien amabas amando!
¡Cómo envidiaba al galán
que aparecía a tu lado,
torturándome de celos
cuando besaba tus labios!

Cuando a mi casa volvía
en mi soledad cercado
soñaba dormir contigo
y despertar en tus brazos.
El sueño no conciliaba
ni rezando a todos santos,
sorprendiéndome despierto
el primer canto del gallo.

Por siete días te vi
tarde y noche en el teatro,
al octavo día justo
otra vez los carromatos
reemprendieron la marcha
y con ellos tus encantos.
Me quedé herido de amor
y en mi herida desolado.
No supo nadie, ni tú
que esa mañana temprano
cuando salisteis del pueblo,
caminé durante un rato
manteniendo la distancia
pero muy desesperado
con el corazón herido
siguiendo los carromatos.


Félix

divendres, 9 de març del 2012

Muchachos, al amor: es primavera


 La pareja del hombre y la del ave
Esperará el momento programado
en el que el Dedo pulsará el botón,
dando señal de que el amor empiece.

Conducidos por códigos atávicos,
repiten, fieles a los cromosomas,
su amor por intrincados vericuetos,
anidando en lo oscuro de la selva,
en los tejados, torres y espadañas,
                                                                   los pájaros silvestres y urbanitas.


Ama el hombre en los cruces de caminos,
ama en los lechos de los hospitales,
desnudo de entresijos y prejuicios
que el apremio y pasión dejó colgados
en los zarzales del apareamiento,
latigazo de especie conservada.

Blanco o rosa el botón ya está pulsado.
Disimulando el Pulsador se marcha.
Agita con su mano un abanico
y riendo entre dientes nos sentencia:
                                                                                         “portaos bien y sed buenos muchachos”.


Félix

dissabte, 3 de març del 2012

Muchacha adolescente



Nítida adolescente
bautizada en la sangre,
has sembrado amapolas
del elixir salvífico,
señalizando en hitas
el devenir salvaje
de la especie inconclusa.

Con los muslos cernidos
del rosicler fecundo
y acolchada la entraña
para el advenimiento,
se entroniza la madre
por las cósmicas venas
de los amaneceres.

Exultarán lo senos
ayer reverdecidos,
pregonando dulzuras
y promesas del hijo.
Tendrá gracia la vida
en  la alcoba más íntima
que encontrará el amor.

Félix

dimecres, 29 de febrer del 2012

Ocho haikus a punto de nieve


Tras los cristales,
bajan mansos los copos,
se esponja el alma.

Qué de nostalgias
entre el niño y el mozo.
!Copos amados!

El manto blanco
amortaja las plantas,
invita al luto.

Cae la nieve
sin sospechar siquiera
que licuará.

Nubes preñadas,
pariendo generosas,
blancas promesas.

Milagro albo
que despierta semillas
bellas durmientes.

Nieve en la sierra.
Descenderá hasta el valle
riendo flores.

Duda la flor
si convertirse en fruto.
Sigue el  invierno.

Félix


dissabte, 18 de febrer del 2012

Sabiduría 5



Yo sé que al fin seré huésped de un día
que al alejarse nadie le recuerda,
que no dejaré huella
de mi paso por esta hospedería.

La estela de mi barco sobre el mar
se tornará a cerrar
y nadie sabrá nunca
que sobre aquella superficie hoy tersa
aró mi quilla un leve surco en busca
del puerto donde atraca la certeza.

El aire arrebatado
tras el paso del ave voladora,
se amansará y se quedará cerrado,
sin sospechar ahora,
porque todo está en calma,
que a través de ese viento pasó mi alma.

Como nube de polvo levantada
que pronto se serena
pasamos por aquí.
Y cuando llega el fin
y la breve aventura está acabada
razón de ser es mi consciencia plena,
y es toda mi dicha y mi contento
saber que fui eterno en un momento.


Félix

dimarts, 14 de febrer del 2012

FUGACIDAD


  

De ayer a hoy se ha muerto el atentado.
La rotativa arroja un esqueleto.
El crucigrama queda. Y la culpa
no es del quiosquero.

En el mínimo andar de las saetas,
el terremoto quieto.
Entre la tinta de las letras negras
se van ahogando muertos.

El horóscopo va por la semana
reinventando sueños
y el ¡Dios mío! de las inundaciones
se puso ya el chaleco.

Ha caído un avión de madrugada.
De la verdura que riega la corriente,
capullo en la noticia,
se ha marchitado la flor del accidente.

Elecciones de ayer
amarillas, colgadas en el clavo.
Imposible sudoku queda hoy
entre arrecifes náufrago.

Que esta yegua desmonte la estulticia,
A este tio-vivo que alguien ponga freno.
“Tempos fugit” inquieto entre la nada.
Muerto de nada, entre los dedos, quedo.


Félix

dijous, 9 de febrer del 2012

Otro pan regalado



El plátano está fuera con la copa dormida,
no se mueve una hoja del ficus tras la tapia.

Tengo el balcón abierto.
Las once. La mañana
descansa entre un parénteis.
Por un momento el pájaro
se ha dormido también
en el aire templado.

Por sobre los tejados, mar rojizo,
entre dos nubes grises, prerezosas,
el mástil de la torre va sin vela.
Dos campanas silentes. En lo alto
y en cruz, la cruz que va arañando un cielo
impertérrito, quieto, ya iniciado.
-¡Cómo el clarión chiría en la pizarra,
acústico recuerdo del pupitre!-

Una tórtola osada se para en la baranda,
inquieta me escudriña con su único ojo
mirándome sin ver.

Al tibio sol de otoño.
blancos brazos desnudos,
esa mujer de luto
tiende su camisón
rosa de duermevela
en la terraza mínima.

Las once y diez aún. Lento se va amasando
este pan regalado, redondo como un día.


Félix