Equívoco
-¡Los años y la maldita quimio! – exclamó el anciano pescador.
Se acercó a la ventana y vio más gris el cielo y el mar enarbolado.
-¡Este hijo mío cree que lo sabe todo! ¡No! ¡No señor, no era hay día
de salir a pescar! – siguió el anciano.
Llamaron a la puerta. Abrió y la reconoció al instante. Elegante y
enlutada, ella le sonrió.
-Hola, estoy dispuesto, sabía que vendrías uno de estos días –saludó
educado.
-Lo siento, no es por ti –respondió ella.
El viejo pescador inquirió con los ojos y ella no contestó. Quiso
mirar al mar, mas sólo alcanzó a oír las olas que rompían.
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