Mi loquita de atar
Vista: “… y ahora le doy la vuelta…”
Oído: “… su respiración acelerada…”
Olfato: “… mi nariz hundida en su cabello, embriagándome…
Gusto: “… y la dulce miel del dátil de sus labios…”
Tacto: “… empezaré suavemente con los dedos un masaje en sus sienes…”
-¡Basta ya! Os estáis portando como niños caprichosos y desvergonzados. Parece mentira. ¿Ninguno de los cinco sabrá contenerse?
Imaginación: “No les riñas, soy yo quien les enciende. Sin mí serían incapaces.”
-¡Ya vale, se acabó! Y tú, censurada, recluida, a dormir a tu cuarto, encerrada. ¡Y no vuelvas a intervenir sin mi permiso! Vamos, muchachos, ahora que tengo encerrada a la loquita, ¿alguno de vosotros tiene algo sensato que decir?
Tacto: “Tocaaaaar, tocaaaaar, tocaaaaar!
¡Ay,
estos dedos sin las ondulaciones! ¡Ay, la ausencia de carne en estas
manos
cóncavas! ¡Ay, estas yemas sin redondos apéndices! ¡Ay, superficie
táctil
sin suave superficie! ¡Tocaaaaar! ¡Ay, dolor, sin tocar los perfiles
del carnal
claroscuro... !”
Olfato: “… en su cabello, embriagándome…
Oíso: “… su respiración…”
Vista: “… y le daré la vuelta…”
Gusto: “¡Eh, eh, que ahora me toca a mí!”
Imaginación: “(Jijiji, estúpido ignorante…)”
-Empiezo a sospechar que encerré a esta loquita un poco tarde.
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