dimecres, 4 de novembre del 2026

Ceferino, El Francés, se subió a un pino.

Admiro mucho a mi tío Ceferino, el Francés.

Había nacido en Burgos, pero marchó a Francia recién casado, en busca de mejores oportunidades. Toda la familia le llamaba Ceferino, “el Francés”.

Tuvo la oportunidad de firmar un contrato con una compañía como capataz de una plantación de cacao y se marchó solo al antiguo Congo Belga, dejando en Burdeos a la mujer y sus tres hijos.

Por confidencias que me hizo, supe que tuvo unos 200 nativos bajo su mando y que aprendió a explotarlos, según se acostumbraba, bajo la amenaza del látigo. Los trabajos eran extenuantes y el salario tan miserable que mi tío Ceferino, El Francés, ganaba más él solo que todos los trabajadores de la plantación. Cuando algún negro no cumplía con su trabajo, lo mandaba azotar; y el mismo ejemplar castigo recibían aquellos que se escapaban de la plantación y al cabo del tiempo volvían, impelidos por la necesidad.

Yo admiro mucho a mi tío Ceferino, El Francés.

Me confesó también que fue infiel a su mujer más de mil veces, con negritas adolescentes, cuyas madres las entregaban a cambio de cualquier insignificancia, como por ejemplo, un puñado de sal. “Anda, lávate bien”, decía él y se acostaba con la jovencita temerosa y complaciente. Más de mil veces. Y su esposa y sus hijos no lo sabían.

De esto hace más de cuarenta y cinco años. Hoy mi tío Ceferino es un viejecito pequeño y muy delgado, que esconde su aparente timidez detrás de unas gafas metálicas, que suele vestir un discreto traje marrón y que luce una corbata amarilla y un gorrito de tela de color verde pálido.

Yo admiro mucho a mi tío Ceferino, El Francés.

Pero mi admiración no es por sus “hazañas africanas “, merecedoras de condena y de desprecio, ni siquiera por mostrarse arrepentido y avergonzado como me dijo se encontraba. Mi admiración hacia él: el sábado pasado, reunida la familia en una fiesta campestre, le vimos subir con agilidad increíble por el tronco liso de un pino de veinticinco metros de altura, hasta la misma copa.

¡Qué tío, mi tío Ceferino, El Francés!

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Jacinta (Makaneto)

Por la paquidermática andadura

caminaba Jacinta ensimismada,

era feliz, dichosa y su mirada

ingenua, inmaculada, limpia y pura.

 

Le cantaba a su amor en la llanura

con dulzura y candor, como si nada

infundiera temor, ni la manada

de bestias admirara su figura.

 

Pronta para escuchar la algarabía

de las aves cantoras en el cielo

por un momento se paró Jacinta,

 

barritó el elefante en su alegría,

mientras un cervatillo en paralelo

retozó por la tierra variopinta.

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diumenge, 1 de novembre del 2026

Mi loquita de atar

Vista: “… y ahora le doy la vuelta…”

Oído: “… su respiración acelerada…”

Olfato: “… mi nariz hundida en su cabello, embriagándome…

Gusto: “… y la dulce miel del dátil de sus labios…”

Tacto: “… empezaré suavemente con los dedos un masaje en sus sienes…”

-¡Basta ya! Os estáis portando como niños caprichosos y desvergonzados. Parece mentira. ¿Ninguno de los cinco sabrá contenerse?

Imaginación: “No les riñas, soy yo quien les enciende. Sin mí serían incapaces.”

-¡Ya vale, se acabó! Y tú, censurada, recluida, a dormir a tu cuarto, encerrada. ¡Y no vuelvas a intervenir sin mi permiso! Vamos, muchachos, ahora que tengo encerrada a la loquita, ¿alguno de vosotros tiene algo sensato que decir?

Tacto: “Tocaaaaar, tocaaaaar, tocaaaaar!

            ¡Ay, estos dedos sin las ondulaciones! ¡Ay, la ausencia de carne en estas

            manos cóncavas! ¡Ay, estas yemas sin redondos apéndices! ¡Ay, superficie

            táctil sin suave superficie! ¡Tocaaaaar! ¡Ay, dolor, sin tocar los perfiles

            del carnal claroscuro... !”

Olfato: “… en su cabello, embriagándome…

Oíso: “… su respiración…”

Vista: “… y le daré la vuelta…”

Gusto: “¡Eh, eh, que ahora me toca a mí!”

Imaginación: “(Jijiji, estúpido ignorante…)”

-Empiezo a sospechar que encerré a esta loquita un poco tarde.

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 A tus raíces llego

Al pozo de tus ojos yo me asomo

y bajo a lo profundo

por el árbol florido de tu vida

llegando a tus raíces.

Te imagino semilla de mujer

la más selecta y pura

y para mí escogida.

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dilluns, 26 d’octubre del 2026

Equívoco

-¡Los años y la maldita quimio! – exclamó el anciano pescador.

Se acercó a la ventana y vio más gris el cielo y el mar enarbolado.

-¡Este hijo mío cree que lo sabe todo! ¡No! ¡No señor, no era hay día de salir a pescar! – siguió el anciano.

Llamaron a la puerta. Abrió y la reconoció al instante. Elegante y enlutada, ella le sonrió.

-Hola, estoy dispuesto, sabía que vendrías uno de estos días –saludó educado.

-Lo siento, no es por ti –respondió ella.

El viejo pescador inquirió con los ojos y ella no contestó. Quiso mirar al mar, mas sólo alcanzó a oír las olas que rompían.

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En la casa del sol

Con un collar de flores

a la casa del sol yo me encamino.

En la casa del sol te encontraré

y ungidos de guirnaldas,

por una eternidad nos amaremos.

Félix

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dimecres, 21 d’octubre del 2026

Con el toque

Te quedas

con el toque

de queda.


Me quedo

con el toque,

dormimos.

 

Nos quedamos,

con el toque

despertamos.

Félix

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